dosejes:

¿Sabes cómo se siente estar muerto?
Yo no lo sé…
… o quizá sí, y no me doy cuenta de ello.

Hace unos tres años tenía una vida corriente y satisfactoria, con esposa y dos hijas, un trabajo bien remunerado como bombero, suficientes amigos y mi habitual carga de estrés laboral y familiar que me acompañaba con mayor lealtad de lo que lo hace mi propia sombra. Lastimosamente, mi suerte dio un giro cierto día que trabajaba junto a mis compañeros en apagar un fuego en una casa; el fuego iba incrementando poco a poco, y una joven de unos 15 años se encontraba atrapada en su cuarto, separada de la libertad por una impiadosa barrera de fuego. Decidí hacerme el héroe y entrar a su rescate, pero cuando regresaba con ella en mi espalda el fuego llegó a la cocina y -para mi desgracia- esa familia utilizaba estufa de gas. La explosión nos lanzó lejos, noqueados, por supuesto. La chica murió, según escuché; y yo, aún no he despertado.

A medida que nos acercamos a la muerte, comenzamos a perder poco a poco nuestra consciencia y después nuestros sentidos, excepto el oído, él es más persistente y nos acompaña hasta que ya podemos palpar el Hades.
Los primeros meses podía escuchar a mi esposa e hijas que iban a visitarme. Solía oírlas llorar y preguntarme cosas como “¿Cuándo vas a volver a mi lado?”, “Te necesitamos en casa, las niñas te extrañan”, “Papi, cuando despiertes, ¿iremos a comer la paleta que nos prometiste aquel día, verdad?”; pero eso fue tan sólo al inicio, pues no pasó demasiado tiempo antes de que la frecuencia de las visitas comenzará a bajar y, en las pocas que visitas que aún me hacían,  la indiferencia crecía.
También escuchaba a una enfermera, ella era en sobremanera amable y siempre me trató con mucho cariño y dedicación (incluso me hablaba como si supiera que podía oírla), aunque esto no fue demasiado duradero, ya que fue transferida a otro hospital y sustituida por otra enfermera que era el completo opuesto a ella; no es como que hiciera una gran diferencia, después de todo, a fin de cuentas, no podía sentir nada, aunque tampoco podía comprender nada de lo que sucedía afuera, pero lo que sí podía comprender era el cariño en las voces, el dolor en los llantos, la molestia de los médicos de gastar su tiempo en atender a un muerto, y, sobretodo, podía comprender la soledad y la ausencia.

Todos los días eran iguales. Todas las noches eran iguales. Las noches igual a los días y viceversa.
Todos los días sólo miraba el vacío y una luz al final de todo ello. Siempre pensé que “la luz al final del túnel” era sólo una forma de hablar o un cuento de hadas, pero ahí estaba frente a mí, llamándome, diciéndome que caminara hacia ella antes de que fuera demasiado tarde, pero yo no podía porque sabía que en casa estaba vacío “mi lado de la cama” y porque aún habían unas paleta que debía comer.
Siempre igual, todo igual… hasta que un día comencé a soñar.
Ese vacío oscuro se convirtió en un cuarto blanco infinito. En ese lugar yo era un dios, y pronto, mi realidad eran los sueños y mi sueño, la realidad. Bastaba con soñar que podía caminar para que pudiera hacerlo. Bastaba soñar con el océano para poderlo presenciar, incluso llegué a soñar con que volaba y creaba mundos y paisajes, y así sucedía. Llegué a poner mi fe en que algún día mi poder sería lo suficientemente grande como para poder despertar, incluso tal vez tan poderoso como para poder llevarme mis creaciones al “mundo real”.

Un día me pregunté qué sucedería si soñaba con mi esposa, y yo, confiado de mi poder, sabía que ella indudablemente aparecería frente a mis ojos, así que antes de traerla a ese lugar, decidí construirle un hogar con un techo, en lugar de sólo darle campos y cielos extensos, sin embargo, sabía que simplemente soñarlo no sería algo digno de ofrecerle a la mujer que amo, así que soñé con los ladrillos, el cemento y todos los demás materiales, y me dediqué a construirla toda con mis propias manos.
Pasó algún tiempo, pero ya todo estaba listo; yo estaba listo para soñarla, y así fue, la soñé y apareció frente a mí, la mujer que tanto añoré durante todos esos largos meses estaba justo ahí, parada, un poco desconcertada de dónde se encontraba, pero todavía conservaba esos ojos saltarines y expectantes que me llevaron a enamorarme.
La abracé tan fuerte como pude, ella no entendía, pero me devolvió el abrazo. Le conté todo lo que había pasado, le mostré todas las vistas que había creado para ella, la tomé de la mano y le dije cuánto necesitaba poder amarla con mis cinco sentidos. Finalmente, la llevaba hacia la casa que le construí, pero antes de que pudiéramos entrar me comentó su preocupación: había estado escuchando la voz de las niñas, pidiéndole y gritándole que por favor despertara. Me dijo que necesitaba despertar.
“Está bien, despertemos juntos y sigamos con la vida por donde la dejamos”, le dije. Me acerqué para abrazarla, mas me detuvo poniendo su mano en mi pecho y me dijo que ella siempre me amó por la clase de corazón que yo tenía, sin embargo, su vida no se detuvo en ningún lugar. Me dijo que las niñas ya se habían adaptado a su vida sin mí y que, además, tenían un buen padrastro del que no podría pedir más, ni como padre ni como esposo. Claro, me encontraba atónito, y así, tan sólo pude reaccionar a preguntar que qué quería que hiciera con los universos y paisajes que creé para ella; su respuesta: “Todos esos son bellos sentimientos que yo sé que sólo podrían salir de un corazón tan noble como el tuyo, pero, si esos sentimientos vienen de ti, yo ya no los quiero”.
Los volcanes hicieron erupción, el mar se pudrió, la tierra se volvió estéril, el viento dejó de soplar, y el cielo –como un cristal- se fracturó y se hizo pedazos.
Soñé con La Puerta, la abrí para ella y le dije “despierta, entonces”. Me miró una última vez (con tristeza y quizá con lástima o vergüenza) y cruzó el umbral. Por sí sola, La Puerta se cerraba tras ella, diciéndome a gritos que, una vez cerrada, nunca se volvería a abrir. En ese momento me di cuenta que durante todo el tiempo que estuve soñando, tuve el poder de abrir La Puerta, pero no lo hice porque tenía miedo de despertar solo y sin nadie que me tomara de la mano. Y en ese momento, pude haber cruzado La Puerta, pero no lo hice porque tenía miedo de despertar solo, en un hospital y no tener una familia que me esperara de vuelta.

La Puerta se cerró y el universo entero regresó a ser un cuarto blanco infinito. Casi de inmediato, todo el blanco se transmutó debajo de mí en un verdugo con forma de cama que me encadenaba. Una vez más, todos los días y noches eran iguales. Ahora sólo tengo al vacío y la luz al fondo que me llama y me susurra promesas de darme felicidad eterna y ponerle fin a mi dolor de una vez por todas, pero yo no puedo ir porque estoy en cama.

FIN
el anillo de Ninfita

el anillo de Ninfita

Tags: ChibiRobo 3DS

Tags: steins;gate

HALP PLS

Deus Ex Machina

dosejes:

Tan real
como la nieve en mi país
que cae con la misma fuerza
con que impacta a un vagabundo
la fantasía de encontrar
un espejismo entre las sombras.

Creo
que eres tan mentira,
aunque al mismo tiempo tan verdad,
como un dios que se oculta
a sí mismo y a su gloria
en una caja apartada del resto,
hecha de piel y hueso,
protegiendo consigo la ilusión
de poder respirar vida
a una flor
que nunca vivió.

-Valmar


A rare picture of Princess Peach drawn by Ken Sugimori.

A rare picture of Princess Peach drawn by Ken Sugimori.

(Source: fuckyeahkensugimori, via supernayru)

"The Japanese say you have three faces.
The first face, you show to the world.
The second face, you show to your close friends, and your family.
The third face, you never show anyone. It is the truest reflection of who you are."

— (via 777minus111)

(Source: illuminology, via amorphousmasterpiece)

sirblah:

Rotating-thing.gif

sirblah:

Rotating-thing.gif

Tiempo, miedo y vacío

dosejes:

El viento hacia mover sus cabellos para acompañar las mejillas, y que atrapara las lagrimas mientras se despedían.

                                                                          Tiempo, miedo y vacío.

Las venas se dilataron ante el tumulto de adrenalina que desbordaba cada impulso para tirarse a la marese que se hacia mas inmenso mientras el barco se adentraba y que se llevaba a su hermano del que no sabia si lo volvería a ver; o si lo vería inerte de vuelta.

Read More

La determinación del Señor Caballer [Cuento]

dosejes:

Hace no mucho tiempo, en un lugar sin nombre, un Dragón alado descendió desde los cielos para azotar la paz que reinaba esa tierra. Una paz no muy real, pues sólo estaba construida por la falta de guerras y no por la auténtica armonía en los corazones de las personas; paz, sin embargo.
La Reina, al ver que el Dragón tomó una cueva de una montaña cercana como su hogar, decidió tomar cartas en el asunto reuniendo a los más poderosos guerreros, magos y sabios del reino, mas ninguno logró encontrar una forma de derrotar a quien los amenazaba. Los guerreros morían calcinados o desgarrados, los magos se fatigaban hasta su fin y los sabios sólo encontraban una solución posible: llamar al Señor Caballero. La Reina siguió intentando, sin embargo, de salir victoriosa sin la ayuda de tal guerrero, pues este había dejado el reino sin la menor intención de volver, al menos no mientras la Reina siguiera en el trono.
La única debilidad del Dragón es el amor del Señor Caballero”, le repetían sus más confiables consejeros. Testaruda, la Reina continuaba haciendo caso omiso a esas palabras, hasta que al fin se quedó sin ejército, sin civiles dispuestos a pelear, sin cosechas, sino sólo con el terror que infundía la sola cercanía de la presencia del Dragón.

Un día, los habitantes que quedaban de su reino se presentaron ante ella. Ancianos, mujeres, niños, conejos, pollos, castores: todos exigían a la Reina que se tragara su orgullo e invocara al Señor Caballero. Sin más opciones, la Reina envió a su leal mensajero, el Gato, a llamar a quien el pueblo exigía, pues para alguien con su olfato, no le sería difícil encontrar el familiar olor del Señor Caballero.

Read More

dosejes:

Aquí te encontré, fin de mis aventuras,
tan alejado del mundo y tan resuelto a ser misterioso.
Apenas ayer soñaba aún con vos. Pintándote
como un anhelo distante; como una fantasía, al igual
que todas tus verdades.
Y ahora, sólo lloro el haberte encontrado,
pues amaría seguirte soñando, tan sólo
para volver a recorrer ese bello camino
que atravesé por vos; con tanta belleza como,
no una, sino diez vidas.
Ahora me iré. No me esperés, pues no volveré.
Seguiré buscando -aunque no sepa qué- y caminando,
pero te aseguro que mi gran amor
se queda con vos.

-Valmar

endlessgatitos:

-dearfriend:

I need one of these cuties in my life. They’re the cat version of wiener dogs.

Oh no.  Stupid cuties.

(Source: buzzfeedanimals)